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    May 29

    Si...

    “Si...”

     

    Si se hundieran, uno a uno,

    todos los ángeles del cielo.

     

    Si a la tristeza le brotaran alas,

    y surcara el cielo para llegar a ti.

     

    Si la luna se perdiera en mi bolsillo.

      Si los grillos de tus manos...

                                   dejaran de cantar.                                             

     

    Si en otoño la melancolía

    no costara tanto.

    Si tuvieras prisa por llegar,

    aquí o allá,

                                         lo mismo da

                                         lo mismo da

     

    Sólo quedarían canciones tristes,

    que nos hablan de un amor

    con dejos tibios de iras,

                                       de rencores.

      

     

    El viento del norte

    nos contaría batallas épicas,

    donde la muerte sembró la muerte.

    Mientras que Dios dormía,

    La siesta del hastío.

    May 26

    CRÓNICA DE UN NACIMIENTO

    Fue un catorce de febrero

    cuándo la nada

    me expulsó del vientre,

    y me hizo ser, sin serlo,

    otro hijo de la muerte.

     

    Cómo gemía yo al silencio,

    con qué desesperación,

    con cuánta angustia

    agitaba mis brazos

    intentando asirme del abismo.

    Dónde antes

    sin siquiera abrir los ojos,

    todo lo veía.

     

    Pero, al beber ese primer sorbo de vida,

    sin dudarlo, comprendí que me moría.

     

    May 13

    MELANCOLÍA DEL SER

    Como duele la melancolía

    cuando el tiempo se hace talco,

    blanco como la sal,

    cuando las avenidas hierven

    con sirenas frenéticas y

    restos de alquitrán.

     

    Las catedrales vociferantes

    en la ciudad hiriente

    saludan a las doce

    restos desarrapados,

    de una fe perdida.

    Mientras, yo me hundo.

    ¡¡Navaja homicida!!

    en el pecho de la mendicidad.

    Buscando semáforos en verde,

    una hoja de afeitar.

     

    Somos prisioneros sin prisiones,

    canciones sin cantar;

    gotas de fastidio;

    madrugadas sin sabores,

    dioses en exilio;

    pan y vino,

    polvo y sal.

    April 08

    ANTES DE DECIR ADIÓS

     

    En un espasmo sacude la mente

    con gritos frenéticos

    cortando en dos los bulevares,

    a la hora de la muerte en punto.

     

    Perros famélicos

    hambrientos de dudas

    aúllan desde las entrañas.

    El ojo de la hormiga

    lame mis huellas y

    se sonríe de pena.

     

    Al menos

     

    dibújame tus labios

    sobre la palma de mi mano

    antes de decir adiós.

    l

    l

    l

    .

    March 06

    VIAJE SIN FIN

     Es de noche y el camino te llama. Dice: ¡ven! Despliega entre sombras una promesa. Es una noche singular, tan oscura como cierta. Una bendición de luz derramada  entre acertijos. La noche te transforma en un vagabundo indecente que le frota con descaro los muslos a la libertad. Mientras el frío acaricia con manos afiladas al rostro erosionado de la madrugada. Nunca has pretendido cosas pequeñas, piensas que para eso existen los demás. No, tú. Tus metas son otras, otros tus objetivos, como restaurar el espíritu trasgresor de la forma y los contornos de los primeros visionarios, o la búsqueda constante y perpetua de un Demiurgo, Motor Inmóvil o el Absoluto; borrar la ceguera de tus ojos para permitir alzar la voz a tus fantasmas interiores, quienes murmuran secretos a tus oídos. Sin embargo, lo que verdaderamente deseas es llegar al otro lado del mundo, hacía el universo de lo simple y, además, sin dueño. Basta la maldita cosa que no sea el sencillo acto de tomarlo y descansar en él, como lo hicieron Plotino o Whitman, fundiéndose en uno con el Universo.

    Llevar la totalidad de la Armonía Universal a una esquina en blanco para descansar en ella igual que sobre una almohada; recostarte a contemplar el mundo sin prisas, sin temores, sin nada. Pero siempre la noche termina y un nuevo amanecer lo ilumina todo.

     

    Observas la gente a tu alrededor. La vida agitada de las terminales de autobuses. Entonces la historia es otra. El inicio de un combate de la humanidad contra sí misma, el Hombre que muestra sus colmillos afilados frente al espejo que no refleja nada. Sólo a él. Sólo a su soledad. Solo.

     

    La mirada es inyectada por sangre muerta, coagulada; lo que te salva en ese momento es la nube entre los ojos. Es cierto que nada puedes ver aunque sientes el acero, frío y afilado, pendiendo sobre tu cabeza. Circula el espíritu como una tuerca que siempre vuelve sobre su centro infinito. Una barca que jamás podrá abandonar la tierra. La idea repetitiva que te acompaña cada noche, la misma idea una, y otra, y otra, y otra vez. Llegando; iluminándose; elevándose; reduciéndose; llorando; silbando; guardando silencio; estallando de risa; fumando; haciendo el amor; llamándote; quemándose; encegueciéndose; triturando; buscando; matando; cuidándose; amando; deseándote como a sí misma; viajando. Escapando al amanecer. 

    Un viaje que siempre lleva al no-lugar, que se ilumina mientras crece sólo para morir en medio de un llanto que de tanto silbar cae, irremediablemente, en el silencio, o estalla de risa después de fumar y hacer el amor. Sabes bien cuando te llama y tú la ignoras, ella se quema o se queda ciega, se destruye en el amor, se busca cuando te mata, se cuida cuando te ama, te desea con la misma necesidad que a sí misma, y cuando te encuentra (siempre termina encontrándote), escapa. Se pierde en el viaje que trascurre entre dos amaneceres. Así son los viajes entre dos  amaneceres. Nunca iguales. Indefinidos. Ciegos.

     

     

    Eres el tipo al que siempre, por ve tú a saber que motivo, bajan del autobús en los retenes. ¡Una identificación! ¿De donde viene? ¿Hacía dónde va? ¿Ocupación? Acompáñeme para una revisión, frases masculladas entre los dientes “Pinches hippies mariguanos”, “donde te tuerza con yerba te carga toditita la chingada, cabrón”. No puedes decir nada, ni pretendes, siempre es lo mismo, para qué entrar en polémica, para qué darles el motivo suficiente aunque nunca necesario de romperte la madre, como la primera vez que “te pusiste al brinco” y te dieron tu calentaditaparaqueaprendaanoponersealpedoconlaautoridad, guey.

    A tu regreso fuiste envuelto por miradas de falsa simpatía, ese disfraz favorito del recelo. Te hundes en el primer sopor que alcanzas para volver a tu guarida. Observas los extensos espacios al costado de la carretera. Piensas si allí no te molestaría nadie. Silencios que recortan siluetas fantásticas entre el movimiento que sujeta y al mismo tiempo libera, el mismo que te proyecta hacía lo desconocido. Afuera, el cielo se ensancha de una manera sorprendente. Un cielo que no es sólo telón de fondo a la belleza ilusoria de los rascacielos, sino primer plano de los sueños más antiguos. Una evocación del primer hombre que pensó en cómo llegar a ese lugar donde deben habitar los dioses.

    Los kilómetros se consumen bajo los neumáticos del autobús. Las ruedas son la representación del tiempo y el espacio. Y, para ti, además, de la libertad, tu única posibilidad de un par de alas con las cuales poder surcar el cielo del uno al otro costado.

     

    El fantasma de una mujer, junto a ti, parece proferir palabras. Imposible comprender sus sonidos, sus ideas tan sólidas como piedras. El fantasma enroscado a tu cuello dibuja una serpiente. Te adentras en su mirada. Nada. Está tan hueco ahí dentro. “Te amo”, mastica su frase favorita que no significa sino “eres lo que necesito para llenar mi ausencia”, esa ausencia femenina que tantas veces te ha puesto barro sobre los pies, un peso inoportuno capaz de complicar el vuelo; la llama encendida veinticuatro horas al día que no te deja observar la mirada del cielo por la noche. Pero, sobre todo, esa lengua con que inyecta su veneno sobre ti, hasta hacerte desvariar entre el jugo de sus piernas. El fantasma es la llave que no abre puerta alguna, el retraso a todas partes; el posponer los asuntos importantes para otro día mientras subes las sábanas por encima de la cabeza. Sin embargo, también piensas en la posibilidad de algún otro fantasma con menos vacío por llenar, que pueda correr con pie descalzo entre las espinas de los zarzales sólo para pasar el rato e incomodar a dios. Un fantasma de la Edad Media, un fantasma gótico succionando a conciencia la glándula pineal, esa vampiresa que sepa hacerte soñar entre su sexo como princesa de cuento de hadas, o que posea el filtro del amor como Isolda, la niña triste enamorada del amor. Un pecado en carne y hueso que te haga transgredir toda norma necesaria para vivir en la gracia del señor. Olvidar el no desear a la mujer del prójimo para poseerla a todas horas, en todas partes, de todas formas. Hundirse en la cama para olvidar el mundo. Hundirte en ella para olvidarte de ti mismo. Conversar con ella como con una hija  a quién se le narra el mundo; para doblar las campanas una vez más sin tener necesidad de muertos. En fin, para poder conciliar el sueño sobre sus senos.

     

    Transitar siempre parajes nuevos, un ir siempre más allá sin pensar en el regreso. Una vez partiendo mejor sería borrar las huellas del camino que hasta ahí te han conducido. Comenzar desde un principio accidental. Dejar correr la vida, ignorando los rumbos donde habrá de caminar como nave sin timón, poblada de piratas y náufragos de las ciudades de concreto, tránsfugas de la realidad envuelta en celofán. El retorno de la calzada de los muertos. Un cielo rojo. La tierra desnuda bajo tu pie. Alcohol hirviendo a 120 km/hr. Madrugadas de café y cigarro. Espacio virginal, sagrado y místico, dónde plantar tus sueños sin verles florecer, sin olvidar la canción de los silencios, la que te muestra tus propios temores encendidos por las brasas de la negativa de dejar de ser. 

     

    Cuando recién tocaste el desierto no sabías lo que iba a suceder en la tierra de los muertos. Tu instinto fue quién te guió. Comprendiste que, por alguna razón, ésta tierra árida te recibía. Descubriste que un viaje al desierto es en realidad un viaje al centro de ti mismo. La síntesis de un día perfecto. El espíritu del desierto posesionándose de ti desde lo más profundo, cantando la canción de tu infancia, dibujándote la taquicardia de tus pesadillas casi con ternura, hasta sentir encima la lluvia que cae del sol a mediodía. Emprendiste un viaje a tu costado más desconocido, a la tierra inexplorada donde se han guardado tus miedos más añejos.

     

    El momento más terrible de estar vivo fue, sentír la existencia en la primera gota de sangre que supiste que era tuya, porque te dolía, porque en su recorrido dejó la estela, grabada sobre tu memoria, de un jardín hermoso al que jamás volverías a ver una vez más. Después de sentir como la carne de tu cuerpo es arrancada a pedazos por los picos de un montón de aves carroñeras. Sentír todo ese dolor de estar vivo y no poder compartirlo con nadie, porque estás solo, porque siempre fue así, lo es ahora y lo seguirá siendo hasta el día de tu muerte. Estás solo en medio del desierto cuando estas vivo. Y, estás vivo, sólo cuando estás solo en medio del desierto.    

     

    El desierto es compartir con el mundo tu sentir más vivo, tu deseo de morir a ratos, un cómodo dormir embriagador de sueño por días, días y noches, sin confesar a nadie que estas muriendo; sin mostrar los dientes a la luna. Cansado, pero tan cansado de esperar lo que no llega. Cuando te alcanzó la primera noche de tu desierto, ya venías de muy lejos, sabías que nadie te esperaba. Volver con sólo dar media vuelta, dejar para otra vida las respuestas. Volver a recostarte entre la cama a masticar los sueños como a golosinas. No querer morir lejos de este mundo que, aunque no lo comprendes, es el único que conoces. Ahora ya sabes que no, que los amaneceres aparecen cada circulo de veinticuatro horas, y retoñan como gotas de rocío entre los jardines transparentes de los sueños. Mientras que el viaje... ése nunca se acaba.

    February 14

    MEME DE CARMEN

     

    MEME DE CARMEN

    CIGARRILLO DE "ANTES DE": Bonito nombre... me-me...
    Bien, me ha parecido una buena idea esta entrada para "celebrar" el día de la amistad compartiendo un poco de mi universo personal. Feliz San Valentín para ustedes. Feliz cumpleaños para mí. Termino y me voy a la fiesta que está por iniciar.
     

    1- ¿Qué te motivó a escribir el blog?

    La posibilidad de hacerlo. Siempre he buscado cualquier medio a través del cual expresar la vida que llevo dentro y en ocasiones amenaza con desbordarse. Lo he hecho con la pintura, música, literatura; en fin, cualquier medio que funcione para expresarme, lo tomo.
    Y cuando alguien respondió por primera vez, fue algo extraño, se trató de una chica cubana que radicaba, entonces, en Londres. Fue la primera voz que escuché detras del muro.
     
    2- ¿Consideras que escribes bien?
    Pienso que eso depende de que tan claro es lo que quieres expresar. Me parece que lo que uno escribe es un reflejo del propio pensamiento. Y sí las ideas son claras, la escritura tambien debe serlo. Además de la relación que se sostenga con las letras, las palabras, las cuales ,a mí, siempre me han parecido algo mágico: el principio de todas las cosas. Uno debe ser consciente que cuando nombra las cosas, esas cosas que nombra empiezan a existir. Entonces depende de uno qué tipo de universo le gustaría crear.  
     
    3- ¿Cúal seria un adjetivo (o varios) para describir tu blog?
    útopico y honesto  
    4- ¿Has pensado a veces que se ha vuelto una obligación?, ¿Cúando?
    No, cuándo siento que necesito aire fresco, simplemente me levanto y salgo a tomar un poco de aire. Puede ser unas horas, días o meses. 
     
    5- ¿Seguro que hay blogs que no te gustan ¿cuáles? ¿Te atreves a mencionar uno en concreto y decir por que?
    Los hay por montones. Y sería demasido gratuito señalar sólo uno, me parecería más atractivo hacer toda una lista de ellos y analizarlos a detalle, para poder mencionar con razones concisas qué es lo que no me agrada de ellos. Tal vez, un día haga una entrada de ese tipo. 
     
    6- ¿Comentas a veces por obligación?
    Nunca. De hecho, comentó muy poco, sólo cuando me es imposible no hacerlo. 
     
    7- ¿Cúal es tu post preferido de este año?
    Sí he de ser honesto, por lo general prefiero leer algun libro o salir a pasear que estar leyendo algun post; sin embargo, hay días que me gusta pasear en busca de temas de interes, me gusta verlo como una busqueda de pepitas de oro, y claro que las hay.
     
    8- ¿Cúal es tu blogger preferido? No valen preferencias afectivas
    Creo que no tengo uno favorito, ya que en el blog menos esperado uno se encuentra con sorpresas muy atractivas
     
    9- ¿Temes que algún día tu blog deje de atraer a la gente y dejen de comentar?
    No, porque en realidad más que escribir para los demás escribo para mí mismo. Y sí, alguna vez mí mismo ha dejado de sentir interes, sin embargo, siempre termina por volver.
     
    10- ¿Que crees que no serias capaz de escribir?
    Cualquier cosa que no tenga un porqué, que sólo sea para "agregar una entrada"
     
     11- ¿Piensas que un blog es una especie de terapia?
    No me lo parece. En lo personal me funciona más como un rastreo de la evolución de mis ideas.
     
    12- Una pregunta que te gustaria contesten tus lectores
                                                                                            ¿Quién eres? 
     
    CIGARRILLO DE " DESPUÉS DE": Bonito nombre... me-me...
     
     
     
     
    February 08

    ADAGIO PARA UNA NOCHE TRISTE

     ADAGIO PARA UNA NOCHE TRISTE

    (o para cuando sientas que ya no sientes nada)

     

     

     

    Entendió que la ausencia de dolor era el síntoma más claro de su enfermedad. Entonces dio el primer paso fuera de casa. Él siempre lo supo, o mejor dicho, lo intuía, desde algún punto más allá de las células receptoras y la médula espinal. Una presencia le acompaña desde aquel día a su izquierda, siempre a la izquierda. Una presencia celosa de su puesto por antonomasia.

    Toma la llave de la puerta entre sus dedos con la agitación exudando por anticipado, tal como sucedió hace 20 años en su décima fiesta de cumpleaños ¿Qué queda aún en esas calles aburridas? Piensa sin quitarse de encima ese mohín irónico que tanto le caracteriza. Lanza una mirada sobre la ciudad, y, sin darse cuenta, se pierde en la quietud del cielo.

    Aún no llega la noche, sin embargo, puede escuchar ya el eco de sus pasos girando tras la esquina del penúltimo rayo de sol. Su pie tropieza con una pila de correspondencia atrasada, recargada contra la puerta. Al revisarla, encuentra entre otras cosas, los recibos de luz y agua de los últimos meses; una invitación para suscribirse a Reader’s Digest; la notificación para presentarse ante el ministerio público por segunda ocasión en el transcurso del último mes; una carta de dios; los tres últimos tomos de la enciclopedia del absurdo y, por último, una carta de amor sin remitente. Toma la correspondencia entre sus manos y se dirige a la cocina. Una vez ahí, saca una cacerola azul, es el trasto de mayor tamaño que puede encontrar, deposita éste sobre el mosaico; enseguida introduce la correspondencia. Sale en búsqueda de un encendedor o alguna caja de cerillos, siente que los necesita aunque no sabe para qué, no quiere saber para qué... ¿para qué?

    Mientras escudriña el departamento, decide poner algo de música. Topa con un paquete de fósforos al fondo del cajón del buró, sin saber exactamente por qué, empieza a sentir una profunda satisfacción, casi una alegría si ésta se midiera por el ángulo que dibuja una sonrisa sobre la comisura de los labios.

     

     

    Tonathiu sigue sus pasos detrás del sillón sin atreverse a emitir el menor sonido, receloso de servir nuevamente de blanco a los objetos voladores, lanzados con toda la intención de causar el mayor daño posible sobre su cuerpo, cada vez más seco y fatigado. Sólo el dolor funciona como medio de comunicación infalible. Trata inconscientemente de alargar el regreso a su destino, se detiene frente al ventanal de la sala, su mirada sobrevuela la ciudad como una caricia furtiva que se sabe culpable y, sin embargo, no se puede contener. Siente lástima de sí mismo. Enfoca su mirada hacia los primeros destellos de luz emergiendo como luciérnagas en medio del cielo, sobre la imagen retenida en la memoria de un día que sucedió hace mucho tiempo, bajo un cielo que nunca fue nuestro, ni lo es ahora, ni lo será jamás; porque, simple y sencillamente, ese cielo dibujado sobre nuestras cabezas pertenece a quienes miles de años atrás estuvieron aquí, antes que nosotros. Piensa en aquel primer ojo alzándose sobre sí mismo, buscando una respuesta tatuada en las alturas. Y entonces, el mohín regresa, y el dolor, y lo mismo, la casi felicidad. No sabe a ciencia cierta qué diablos ocurre a su alrededor, por qué precisamente ahora le surge esa sensación, qué caso tiene ya, cuando todo se ha dicho sin necesidad de entrecomillados, ni notas a pie de página. Piensa que las únicas palabras verdaderas son aquéllas que saben guardar silencio, que no ceden ni ante el suplicio del fuego, que calcina las plantas de sus pies; que son y no son más allá del aparente dilema, sabe que esta noche toda posibilidad ha quedado abierta de algún modo, se pinta la mitad del cuerpo con los rayos de la luna, hasta estremecerse en un lento escalofrío recorriéndolo de pies a cabeza. Las notas discretas le acarician los oídos, un suave descanso antes de la última batalla, impostergable.

    Él lo sabe, siempre lo ha sabido, o mejor dicho, lo intuye. Su carácter desconfiado le ha entrenado en el difícil arte de anticipar el próximo movimiento del otro, se distrae con el silbido lastimero de las sirenas industriales, que anuncian la muerte de un soñador más; el doceavo en lo que va del año.

    Se da cuenta de que ha dejado de importarle lo que pasa en el mundo, cuando siente que ya no siente nada. La indiferencia permea el ambiente, coloreándolo todo con una amplia gama de tonalidades grises: gris aceituna; gris muro; gris almuerzo al desnudo; gris cielo azul; gris etcétera, etcétera, etcétera...

     

    Enciende un cerillo tras otro sin darse cuenta de la pérdida de la sonrisa, ese mohín irónico que tanto lo caracteriza. El ángulo dibujado sobre sus labios se pierde. La música suena al fondo, se entretiene al adivinar el nombre de la melodía. Es La heroica, de Bethoveen, se dice a sí mismo. No, no, no. Es La novena, se corrige de inmediato, pedazo de imbécil, quién puede confundir algo tan obvio, se recrimina. Camina hasta el reproductor de discos, toma la grabación de aquella Oda a la alegría, abre la caja hasta formar un ángulo de noventa grados, enciende un cerillo y, justo a la mitad del espacio formado por el estuche, intenta calcinarlo. Las llamas pronto comienzan a comprimir el plástico que, de inmediato, forma figuras grotescas de ideas absurdas; las únicas probables para una mente cansada de dar vueltas al filo de las tres de la madrugada. Por algún motivo vuelve a sentirse satisfecho, casi alegre.

    Pronto, Mozart es arrojado a la hoguera, y después Vivaldi, y lo mismo Paganini, incluso Lutöslawski. Lentamente se va formando una gran hoguera de júbilo y lamentaciones. Las llamas danzan a la muerte en medio del jardín del parnaso. Mientras, todos ellos al unísono, interpretan La sinfonía fúnebre desde el fondo de las llamaradas que poco a poco los van consumiendo.

    Él guarda el más absoluto silencio, sabe que jamás volverá a escuchar algo así. Una profunda emoción lo embarga. Le brotan las lágrimas, primero una, luego otra, y otra,  otra, otra...

     

    Ladra desconcertado, sin percatarse que ha interrumpido un momento mágico, para trocarlo en uno trágico. Tonathiu intuye la desgracia detrás de aquellos ojos enrojecidos. Intenta pasar desapercibido envolviéndose en su propio cuerpo, cada vez más seco y fatigado. El peso de una silla, lanzada con toda la intención de infligir el mayor daño posible, da contra aquel cuerpo envuelto en sí mismo. Emite unos chillidos lastimeros, incapaces de despertar la clemencia, y nuevamente el peso de la silla se estrella contra él.

    Él no sabe si lo que le impide escapar, o al menos intentar hacerlo, sea la fatiga de su cuerpo seco; o la intuición de que cualquier movimiento resultaría en vano; o una melancólica necesidad de estar muerto. La silla se estrella una y otra vez, hasta que el agotado cuerpo deja de respirar. Los daños parecen mínimos, piensa él ante la inerte masa indiferente a la vida, lo sacude con la punta del pie, lo que más le sorprende es la ausencia de cualquier rastro de sangre. Piensa que eso es imposible. Aunque, si fuera suscriptor de Reader´s Digest, seguramente tendría una respuesta satisfactoria que le devolviera su mohín extraño que tanto lo caracteriza, ésa casi sonrisa. Recuerda en ese momento los tres volúmenes de la enciclopedia. Acaso ahí encuentre la respuesta, piensa, e inmediatamente se enfila hacía la cocina, hacia el lugar que intuye no debiera regresar.

     

    Encuentra los libros depositados dentro de la gran cacerola azul, junto a los demás documentos, aún cubiertos por un delgado plástico transparente, el cual desprende de un par de tirones para revisar el índice del primer volumen, el que señala que abarca desde la letra K hasta la M, con su dedo índice recorre los temas de M:

     

    Marcas misteriosas en los sembradíos de maíz ........................................94 

    Mensajes enviados desde el otro mundo  ................................................96

    Misterios del pan de muerto .................................................................104

    Montañas habitadas por seres de luz .....................................................110

    Muerte sin rastros de sangre ................................................................140

     

    ¡Eureka! Exclama emocionado, y comienza a leer:

     

    A través de la historia de la humanidad, se han reportado algunos casos sorprendentes de muertes, en las cuales ha sido imposible detectar el menor rastro de sangre. Algunos científicos, quienes han dedicado la mayor parte de su vida a estudiar tales eventos, como el multilaureado físico-matemático Joseph Crown, han señalado que hasta el momento es imposible ofrecer cualquier explicación del fenómeno, aunque por otra parte, manifiestan una confianza plena en dar pronto con la raíz del enigma. Para más información, remítase a: Fundamentos esenciales de la Patafísica Jodorowskiana, página 76, tomo VI.  

     

    Decide prender fuego al volumen que va de la letra K a la M, luego al tomo IV, al XII, al IX, al II, y así sucesivamente, hasta reducir a un montón de cenizas la enciclopedia absurda. Nota que aún conserva las dos misivas, porque el citatorio del juzgado segundo de lo penal desapareció en un intermedio entre los tomos VII y VIII. Observa la carta de dios, usualmente nunca son buenas noticias, así que opta por la carta de amor sin remitente. El humo ha formado una neblina opaca que le dificulta la lectura; algo menciona de un amor dispuesto a perdurar toda una eternidad, la simple mención de esa palabra siempre le ha provocado un malestar físico, una molestia muy desagradable en la parte inferior del estómago, como si ahí el cuerpo adivinara la mentira disfrazada de absoluto. “Eternidad —se dice a sí mismo—, qué palabra más falsa y repugnante, cuánto daño ha causado esta palabra al hombre de todas las épocas, cuántas muertes podrían haberse evitado si no existiera tal expresión, cuánto tiempo malgastado en tratar de contener la corriente del río.

     

    ¡Ay, Heráclito, cuánto oído sordo!

     

    Definitivamente, se niega a continuar leyendo algo tan horrendo como una promesa de amor por “toda una eternidad”. Toma el papel entre sus manos y comienza a desgarrarlo hasta verle reducido a un montón de pedazos asimétricos que, de inmediato, son arrojados entre los restos aún ardientes de la absurda enciclopedia. Los recibos atrasados del pago de luz y agua son pasados por alto, se resiste a ser estafado una vez más. Piensa que si Dios viste y alimenta a las aves del campo, por qué no habría de hacerlo con él ¿Acaso no es él una más de sus criaturas? Molesto, decide encender cada una de las lámparas del departamento, además de permitir correr al agua por cada una de las tomas. Y, no conforme con ello, abre las llaves de gas de la estufa, del horno y del calentador de agua. Sabe bien que aún le resta abrir la carta de Dios, tan bien como la falta de interés por su contenido. Es cierto que no deja de sentirse intrigado, cada vez que arriba una de sus cartas. ¿Y si le ordena lo mismo que a Job? Es verdad que no tiene hijos aún. Pero, si en tal caso, le ordena sacrificarse a sí mismo. No resulta una idea descabellada, es decir, ya su propio hijo pasó por esa prueba, el sólo pensar en ello le reseca la boca, opta por beber un vaso de agua; al momento de llevarlo hasta sus labios, éste cae de sus manos, estrellándose en el piso con un golpe seco que le viene a remover los recuerdos en su memoria. Intenta levantar los trozos de vidrio regados por el suelo de la cocina, al hacerlo, se le incrusta uno de ellos, causándole una herida de mediana consideración. La sangre huye de su cuerpo con una velocidad sorprendente que le genera una sensación de vértigo. Desearía no estar allí, atreverse a dar el primer paso fuera de casa, aunque sólo vistiera ese mohín irónico que tanto lo caracteriza, sólo a Él.

     

    Piensa en la correspondencia que ha dejado de existir, la que le obstruyó el primer paso y lo obligó a dar marcha atrás para poder escuchar la Sinfonía fúnebre desde el fondo de las llamas, calentándole los huesos. Escucha las risas a su alrededor. Una voz diciéndole al oído: Levanta tu cruz y camina, recuerda que la vida no tiene edad, y que los años sólo son los pasos que da la muerte para llegar a casa. Recuerda entonces quién es Él en realidad. Se mira en el espejo, al hacerlo descubre la verdad: es la muerte y, además, es también su hogar. Observa su rostro multiplicarse a través del dolor por todo el mundo. La enfermedad se propaga como río de sangre cuando toma a Tonathiu entre sus brazos y éste no ladra. Y juntos salen de casa.

     

     

     

     

    January 13

    VERONIKA (fragmento)

     

    Otro día gastado entre copas y falta de amor. Otro día sin horas de descanso. Otro día. Otro. Por su destacado físico era una de las más solicitadas. Además de bella, inteligente. Sabe muy bien cómo satisfacer las demandas más difíciles. De algo tendrían que servirle todas esas lecturas de literatura y filosofía, de  religión y política, de esto y aquello. Desde muy joven adquirió el hábito de la lectura, todo lo leía, todo, desde un tratado de filosofía hasta el instructivo para el horno de microondas; su insaciable curiosidad buscaba respuestas entre las letras, entre los textos de las personas que ella consideraba como las almas más antiguas del mundo. Cada idea nueva le parece un vaso de agua y, ella, parece estar siempre sedienta. Nunca se consideró a sí misma una puta, en su tarjeta de presentación el titulo que usa es el de “Dama de Compañía” ¿Puta era una profesión? Y si no, por qué las llamaban así ¿acaso existe una profesión llamada putacina, putafia, putaria o algo así? Bueno, entonces por qué no llamar a los políticos “cabezas huecas” o “mojones de mierda”, aunque resulte demasiado obvio, la cuestión es que no se puede andar llamando a las cosas como a cada quien se le hinchen los huevos, ¿o sí? Cada día por la madrugada, recapitular los golpes recibidos por la vida. Una mierda extendida como pólvora que en cualquier momento estallará. Además, ¿de qué le servía seguir soñando? ¿Con ese insomnio ininterrumpido?

    Ni hablar.

     

    La habitación con una ventana bien documentada que traía a diario las últimas noticias del vecindario: la última pelea de los vecinos del cinco, frente al espejo Raquel admirando su cuerpo, que apenas deja atrás a la niña para convertirse en el de una mujer. En fin, la vida de un mundo que gira sobre sí mismo, como un perro tras de su propia cola.

    Verónica observa por la ventana, su imagen se reproduce sobre el cristal, se reconoce como ella misma, como la niña de ayer que cada día veía a su cuerpo transformarse en algo completamente distinto, ensanchándose en algunas partes, estilizándose en otras, siendo moldeado por unas manos invisibles que le provocaban estremecimientos ansiosos en cada deslizamiento por las incipientes curvas de su anatomía. El amor de sí mismo, su último reducto dónde refugiarse ante la ausencia prolongada del amor que parece empeñado en no llegar a esa esquina del mundo donde habita el corazón de una puta, en una esquina al sur de la ciudad. ¿Por qué será que siempre es en el sur dónde el amor no existe?

    Veronika mira por el cristal al mundo de afuera, los hombres que son  su comida rápida

    December 31

    LOS RECUERDOS SON PECES QUE FLOTAN EN EL AGUA

     

                                                                                                             PARA: MIMI

     

    Llevo tanto tiempo observando todo alrededor que he terminado por acostumbrarme a llevar un registro de hasta el más mínimo detalle. Analizo cada movimiento como si por primera vez consintiera que algo puede cambiar de posición. Fue por eso que hoy pude percibir ese sorpresivo cambio en el comportamiento del doctor Klaus. Lo delató esa reticencia a mirarme.

    Normalmente el tiene la costumbre de saludarme siempre, una vez que arriba al laboratorio. Incluso, suele acercarse hasta mi puesto para dedicarme un guiño de ojo y ofrecerme los buenos días. No siempre pero, algunas veces, acostumbra agregar un calificativo al término de la frase, tal como: muñeca, linda o guapa.

    No sé si él ha sido capaz alguna vez de notar mi rubor, al menos, nunca ha hecho el menor comentario al respecto, únicamente sonríe de una manera discreta y, de inmediato, se aleja a su mesa de trabajo. A pesar de mi notable turbación, yo soy incapaz de dejar de mirarlo, a no ser en las contadas ocasiones en que él tiene que abandonar su espacio de trabajo para dirigirse a algún sitio fuera de mi campo de visión. Entonces me dedico a contemplar sus avances sobre cualquier tipo de investigación que se encuentre realizando. Su campo de indagación predilecto ha sido siempre, todo aquello relacionado, de algún modo, con el corazón. Su última investigación, por ejemplo, consiste en analizar el proceso, mediante el cual, la combinación de potasio y sodio, imprimen ese ritmo tan característico al latido del corazón. Para ello, yo había tenido la oportunidad de observar a media docena de conejos con el pecho a corazón abierto, diseccionados de una manera realmente fina, sobre su mesa de trabajo.

    Yo no podía sino permanecer como hipnotizada ante la contemplación de aquella sístole-diástole; lo imaginaba como la paráfrasis de un globo resistiéndose a recibir mas que una cierta cantidad de aire, en su interior, temeroso de que en un determinado momento de exaltación, un mínimo de oxigeno lo provoque estallar, hasta dejar restos de él esparcidos por todos lados. Aún no consideraba los afilados bordes del azar, atentos a cualquier descuido para asestar el tajo definitivo.

    Con el transcurso del tiempo fui testigo mudo de aquellas quirúrgicas disecciones que pronto fueron fomentando en mí, la convicción de que la mirada guarda un tipo de relación muy especial con el corazón. Hubo varias ocasiones que, al encontrarme observando primero aquellos corazones latir de una manera cada vez más acelerada y, posteriormente centrar mi atención en sus ojos, solía llegar hasta mí, en forma de recuerdo, un verso de un poema:

    Pom, pom frappe mon coeur/ Pom, pom chaque fois plus chaleur, que se repetía como el mismo latido.

    Más, sin embargo, esto no me lo decía su corazón latiendo impúdicamente a la vista de cualquiera, sino sus ojos, aquellos ojos tan cristalinos como el agua dulce del río donde solía bañarme de pequeña, en la hacienda de mi familia, en ese espacio apacible donde transcurrió la mayor parte de mi infancia; entre ríos que, sobre sus superficie reflejaban el paso del tiempo: el sol durante el día, la luna y las estrellas, al anochecer.

    Desde entonces comencé a considerar más acertado suponer que el amor entra por los ojos, y no por el estomago como mi abuela solía afirmar de una manera categórica, con un énfasis en sus palabras como sólo pueden inyectarlo a sus convicciones quienes realmente creen, a pie juntillas, lo que dicen. Y mi abuela solía decir tantas y tantas cosas que, al final, terminó por creerlas todas. Afirmaba, por ejemplo, que todo hombre que no era feo, resultaba ser, por consiguiente, un marica; por eso nunca le gusto la ciudad.

    <<Con tantos tipos tan acicalados, esto más bien parece ser una jaula de locas sin cerradura>> decía enfadada.

    El doctor Klaus, como la mayoría de quienes se dedican a la ciencia, no es muy agraciado físicamente. Más bien tendría que confesar de manera honesta que es realmente feo: tez apiñonada, rostro enjuto y nariz ancha. Mientras que yo represento a la perfección el tipo de mujer europea, el predilecto de los hombres, según creo entender: rubia, alta, delgada, nariz respingada y ojos color azul turquesa.

    Hace ocho años cumplí veinticuatro años de edad. A partir de los dieciocho comencé mi carrera de modelo, lo hubiera hecho mucho antes si mis padres no se hubieran opuesto sistemáticamente. Así que, para darles gusto, debí concluir primero con mis estudios de bachillerato y, una vez cumplida la mayoría de edad, dedicarme a lo que en verdad a mí me interesaba, es decir, el mundo de la moda y las pasarelas.

    Para la escuela nunca fui muy buena, debo confesarlo, más bien solía valerme de mis encantos para conseguir aprobar los cursos.

    Por azares de la vida, creo yo, el destino me trajo un día hasta este laboratorio, y la química, luego de haber sido una de las materias más aborrecidas en el colegio, se llegó a convertir, para mí, en una verdadera pasión, de una forma más bien inevitable. En un lapso de aproximadamente tres meses he memorizado, por completo, la tabla de los elementos químicos, incluido radio, número atómico y valencia.

    Si me lo preguntaran no sabría responder qué pasó para que esto aconteciera, supongo que algo muy importante debió suceder en mi vida para que se produjera este cambio de trescientos sesenta grados.

    Sin embargo, cuanto más empeño pongo en intentar descubrir qué fue lo qué pasó, aquel rio de mi niñez suele llenarlo todo y, a mi alrededor, los recuerdos son peces pequeños que flotan en el agua.

    Al poco tiempo de ingresar al mundo de la moda, muchas de las más prestigiosas marcas de ropa y accesorios me solicitaban como imagen para sus campañas; siempre había propuestas de trabajo en puerta. Había cosechado una imagen capaz de opacar a las mismas marcas que debía representar.

    El doctor Klaus siempre ha sido el primero en llegar al laboratorio, también el último en marcharse, ese fue sin duda el principal motivo por el cual yo he llegado a tomarle tanto cariño y, por supuesto, esos detalles que a una como mujer siempre le son indispensables: los piropos educados que, aun cuando provengan del más feo de los hombres sobre la faz de la tierra, una mujer siempre estar dispuesta a recibirlos, aunque finja no escucharlos y acelere el paso.

    Así que cuando el doctor se acerca a mí y me dice: <<Buenos días, linda>> Yo no finjo sordera ni aprieto el paso, sino que, por el contrario, lo miro fijamente hasta que el me hace un guiño, sonríe, y se retira a trabajar, aunque también es verdad que yo jamás le he confesado nada de lo que siento por él, como ese Pom pom frappe mon coeur que me hace experimentar cada vez que lo veo directamente a los ojos ¿Qué relación guarda la mirada con la aceleración del ritmo de nuestro corazón?

    Hoy he sentido ese distanciamiento del doctor Klaus. Ingresó observándome de reojo. No me saludo, antes bien, se acercó a la doctora Swann y le hizo un par de confidencias al oído, no pude distinguir nada de sus cuchicheos, sin embargo, observé como ambos lanzaban miradas furtivas hacía donde yo me encontraba. Quise mirar a otra parte, pero no podía separar mi vista de él. Su imagen se ha convertido para mí, en la imagen de un santo sobre su pedestal. Y él es tan feo que más que un santo, bien podría hacerse pasar por un demonio, un sátiro que enamora ninfas gracias a las hipnóticas notas musicales de su bisturí; una música del corazón haciendo pom pom y perturbándome sobremanera cada vez que lo veo aparecer sonriendo, diciéndome: <<Buenos días, preciosa, o muñeca, o linda. Para enseguida, dedicarme un guiño, el mismo que las primeras veces me pareció más bien producto de un tic nervioso, pero, al que, con el transcurso del tiempo me fui acostumbrando. Posteriormente lo he ido necesitando tanto, como el corazón necesita del sodio y el potasio para funcionar. ¿Acaso no sabe de las terribles consecuencias de combinar potasio con lágrimas y desdén? ¿Qué clase de laboratorista químico es usted, señor Klaus?

    Antes de las confidencias hechas a la doctora Swann, el doctor pasó junto a mí sin siquiera saludarme, entonces, yo sentí por primera vez en mi vida, esa extraña punzada en el centro de mi corazón.

    La doctora se alejó con una sonrisa sardónica sobre los labios, seguramente pensando en la extravagante personalidad del doctor Klaus. Yo la he visto burlarse de él, junto con otros más de sus colegas. Si bien todos admiran sus investigaciones, también es cierto que a sus espaldas todos se mofan de él por su aspecto y sus manías estrafalarias.

    Todo este día se ha mantenido distante de mí. No me dio los buenos días, y menos me guiño el ojo, mientras me decía <<linda>> Deseaba sinceramente mirar hacia otro lado, demostrarle que yo también era capaz de ignorarlo. Pero mi mirada gobierna sobre mi corazón. No puedo evadirlo, ni siquiera dejar de mirarlo. Él lo sabe, y sospecho que esa sea la razón de su intranquilidad. Incluso hace quince minutos, por primera vez vi como cortaba en dos el corazón de un conejo. Su pulso siempre tan preciso, vaciló esta vez, ¿o quizá, no? Tal vez a comenzado a ensayar una nueva modalidad quirúrgica ¿Qué trama, doctor Klaus? Ha transitado un par de ocasiones junto a mí sin tomarme en cuenta, como si de pronto me hubiera vuelto invisible para sus ojos.

    Cuando erró en la profundidad del corte, noté que me miraba de reojo. El conejo convulsiono un par de ocasiones, en seguida se quedó quieto al igual que la mano del docto Klaus sosteniendo el bisturí, del cual aún escurrían un par de gotas de sangre. Se limpió el sudor de la frente con la manga de su bata, y desapareció tras de la puerta que va a dar a un pequeño espacio destinado a las personas con ese absurdo hábito de fumar. Jamás lo había observado dirigirse a ese espacio tan ajeno a sus costumbres. Algo me dice que, de un momento a otro, habrá de acontecer lo inevitable.

    Ay, abuela, si vieras lo feo que es el doctor, pienso que ni a ti te gustaría, ni siquiera a ti que tanto decías amar a los hombres feos. Aunque a fin de cuentas todos sabíamos que mentías ¿Y si no porqué terminaste casada con aquel italiano que nada tenía que envidiar a “el David” de Miguel Ángel? Mi abuelo, sin embargo, no es ya, sino otro pez flotando en el agua como todos los demás recuerdos. No sé a qué se deba el hecho de insistir en observar la realidad de una manera liquida. A veces siento que todo el día lo pasara llorando y que mis lágrimas formaran una capa de agua sobre mis retinas. Al pensar en ello me digo que es tan absurdo como pretender ver a un suspiro integrarse con esa materia diminuta que nos rodea; ese vacío afilado que recorta cada objeto del mundo hasta configurarlo de unos límites precisos. La nada es la orilla de la vida. Puntos suspensivos que anuncian pero no revelan.

    Al volver a ingresar por la puerta que conduce hacia el área de fumadores, lo primero que hace es dirigirse hasta el cuerpo inerte del conejo con el corazón partido en dos. Tal como el de mi abuela, luego de que el abuelo regresara a Italia, ese país que lo envolvió dentro de sus fronteras, aunque no tanto como las piernas delgadas de Isabela, aquella hermosa modelo francesa de mirada profunda y ojos azules como el mar del mediterráneo.

    El doctor parece pensar en qué hacer con el cadáver del animal. Lo veo extraer un frasco de una de las gavetas ubicadas bajo su mesa de trabajo. Enseguida vierte formol dentro de éste, casi hasta llegar al borde, con un par de rápidos y precisos cortes, separó el corazón del resto de los órganos a los cuales se encontraba ligado por una serie de arterias. Lo observa, unos segundos, descansar sobre su mano. Finalmente decide depositarlo dentro del frasco con formol. Levanta la vista hacia el sitio donde yo me encuentro siguiendo cada uno de sus movimientos, Se enfila hacia mí. Intento desviar la mirada hacia cualquier otro lugar, para fingir que nada sé de sus actos, sin embargo, mis pobres esfuerzos resultan estériles. El agua donde flotan mis recuerdos me impide realizar cualquier clase de movimiento.

    Él se detiene justo a un costado de donde me encuentro. Levanta su brazo que sostiene el corazón partido en dos del conejo, flotando en formol. Al hacerlo, alcanzo a percibir el temblor en su mano, lo cual termina provocando que yo caiga al suelo.

    El ruido del cristal al estallar sobre el mosaico me crea la sensación de ser arrastrada por una ola que revienta contra la arena de una playa muy concurrida, los sonidos comienzan a multiplicarse alrededor, generando en mí, la impresión de recién estar despertando de un profundo sueño.

    Mis recuerdos de sentirse aprisionados dentro de un rio de lágrimas muertas. El pleamar finalmente ha conseguido transgredir los límites de mi realidad cristalizada. Con movimientos torpes, el doctor me sostiene entre sus manos. Durante unos segundos se mantiene observándome. Y enseguida añade: <<Discúlpame, linda, fue un accidente>> Y, de inmediato, me deposita dentro del mismo frasco ene l cuál flota el corazón dual del conejo.

    Mas ahora el recuerdo de esa palabra no la siento como otras más de esos peces que flotan en el agua. “Linda” es un recuerdo que se desliza por el aire. Un recuerdo pez que se va transformando en recuerdo-ave.

    El corazón cae hasta el fondo del frasco, al detener su caída lo escucho lamentarse: <<Pom pom frappe mon coeur/ pom pom chaque fois plus chaleur.

     

    December 11

    PORQUÉ DEL SILENCIO?

     
    Sucede que me he tenido que desconectar un poco, debido a las circunstancias que desembocan de un proceso de mudanza,
    eso, aunado a la necesidad de recolectar un poco de vida solida, es decir, distinta a la virtual, aunque nunca he sido un
    enajenado del internet, sin embargo, es cierto que, a últimas fechas se me habían venido acumulando un buen número de libros
    a los cuales, con este distenciamiento he podido prestar atención. Otro punto a favor, es el hecho de que posterior a ello, tendré
    un buen cúmulo de anécdotas que compartir, además del afianzamiento de algunos detalles existencialesy cognocitivos que
    habían estado un poco en el tintero, por decirlo de alguna manera.
    La cuestión nunca queda clara, es verdad. Sobre todo, si el conflicto en cuestión es nada más y nada menos que, el enfrentamiento impostergable que todo hombre de "conocimiento" debe, tarde o temprano, sostener frente a dios (entendiendo por esto: cualquier tipo de instancia rectora para la vida humana)
    A veces es necesario poner en claro, hasta dónde se está o no, comprometido con el sentido vital de la propia existencia.
    Voy en busca de la mágia perdida de las palabras.
    Deseenme suerte.
     
    La vida me espera, y no sabe esperar.
     
      
    November 21

    AMANECER EN SUBURBIA

                                                                                                                            

                                                                                         PARA CARMEN

     

     

    I´m the son of rage and love

    The Jesus of Suburbia

    From the bible of  none of  the above

    On a steady diet of soda pop and Ritalin..

    Green Day,  Jesus of Suburbia

     

    Perla duerme a mi lado. Ignoro por qué razón le gusta dormir siempre en el lado izquierdo de la cama. No recuerdo mucho de ayer, ni siquiera que ella hubiera pasado la noche aquí, por eso me sorprende verla, aunque no sea la primera vez. Sin embargo, algo me hace sospechar que hoy no es como todos los días, tal vez algo en su rostro, la forma de descansar la cabeza sobre su brazo, o esa intrusión en el aroma de su cuerpo. No lo sé.

    En Suburbia los sentimientos se mueren antes de ver salir al sol, seguramente por eso no puedo decirle que la amo, aunque quisiera hacerlo, que al menos supiera eso antes de morir ella o yo, o por qué no, los dos de una vez. Seríamos algo así como una versión remasterizada: Romeo y Julieta S-XXI. No sé si a ella le gustaría mi historia, al menos sí sé que le encantaría escucharla, que por primera vez, desde que nos conocimos, en lugar de preguntarle: ¿Todavía hay cigarros? le dijera: Te quiero. Estoy seguro que le gustaría. Por desgracia en Suburbia no hacemos eso. No queda tiempo.

    Luego de las noches que se queda a dormir aquí, mi amanecer es distinto: con más luz. A mí me gusta observarla mientras duerme porque, sólo entonces, es cuando puedo decirle todas esas cosas que en Suburbia no se dicen. Mostrar los sentimientos aquí es, ponerse uno mismo la soga al cuello.

    No sé si en este lugar el sol sea distinto y por eso la piel se vuelve más dura, lo mismo el corazón y la mirada, y todo lo demás. Aunque la mirada no, ésa más bien es triste o, al menos, eso es lo que me ha dicho Perla tantas veces.

    Ella dice esas cosas porque no es de aquí, así que ignora que en Suburbia la tristeza no existe, ni los “te quiero” ni los sentimientos.

    <<Hay que ser duro o morir en el intento>> me dijo Saúl, mi mejor amigo, días antes de meterse un balazo en la cabeza, eso sucedió hace más de diez años. Entonces hubo junto con él muchos otros que tampoco lo lograron y terminaron lanzándose de puentes, abriéndose las venas, volcándose en algún auto, en fin, buscando una salida de esta tierra de Suburbia gobernada por la nada.

    Por eso digo que Perla no sabe lo que dice cuando me pregunta si la quiero ¡Que va a saberlo! Si lo supiera sabría que el sólo hecho de confesarlo podría costarme la vida.

    Ella sólo viene aquí escapando de la mirada protectora de su madre, anhela ser libre y no depender de nadie, dice. Pero yo pienso que si en verdad eso quiere, no vendría a pedirme que le diga que la quiero ¿para qué, si ella pretende ser libre? Y querer a alguien significa atarlo, aunque sea un poco. Eso tampoco se lo menciono porque sé qué sucedería: Se pondría furiosa y gritaría <<pues si tanto te cuesta decirme que me quieres, entonces voy a buscar quién sí pueda hacerlo>> Así que, entonces, yo podría responder que si en verdad eso desea, por qué no simplemente va a casa y escucha a su madre cuando le suelte el parlamento de madre abnegada, como cada vez que no llega a dormir a casa y, al volver, entre lágrimas, le pide que tenga un poco de consideración por ella, que si se preocupa es porque la quiere tanto o más que a su propia vida. Después ella, seguramente más furiosa aún, me gritaría: <<Muérete>> ¡Claro! como no sabe que precisamente  eso es lo que hago cada día. Por eso es que yo no digo nada y prefiero quedarme callado escuchando lo que dicen los demás, los que sí pueden decir “te quiero” con tanta facilidad como mascar un chicle. Seguramente es porque ellos no saben, al igual que Perla, que en Suburbia los sentimientos no existen, porque cuándo le brotan a alguien casi siempre le cuestan la vida. Decir aquí “te quiero”, es igual que quitarle el seguro al revolver, o descomponer los frenos del auto antes de salir a dar una vuelta, o mantener muy bien afilada la navaja de afeitar.

    En ocasiones dice cosas así como <<yo no sé por qué te quiero tanto si no te lo mereces, jamás me dices que me quieres, ni tampoco entiendo lo que dices ni apruebo lo que haces, o quizá, me da miedo>>. Después me hace que le prometa cosas y más cosas. Son tantas las promesas que, al final del día, ya no recuerdo ni la mitad; hasta que, de pronto, en medio de la situación más absurda, como puede ser el estar desayunando, ella se levanta casi a punto de soltar el llanto, y dice <<no puede ser, no puede ser. Tú lo prometiste>>. Entonces yo no sé muy bien qué hacer, es decir, entre tantas promesas, incluso intento recordar si alguna vez le prometí no volver a comer o algo parecido. Pero no, ella me dice que la promesa que le hice fue <<dar las gracias por los alimentos recibidos>> Así que, entonces, yo le contesto que nunca he recibido nada de nadie, que aquella comida la tuve que comprar con mi dinero, e incluso cocinarla también, así que no veo por qué motivo tendría que agradecerle a alguien más por lo que sólo a mí me ha costado obtener.

    Aunque al concluir el día todas esas cosas no importan, ya que, una vez dormida, entre sus sueños le plantaré miles de “te quieros”, para que cuando despierte estos le germinen y florezcan dentro de sus ojos, y cuando me miré, no pueda decir otra cosa que un “te quiero”, aunque ella misma no sepa por qué, por qué dice quererme tanto si yo no lo merezco. Entonces yo me río y le digo que está bien loca. Luego, ella intentará sacudirse los pétalos de los ojos sin saber que las semillas que sembré entre sus sueños mientras dormía, son más de mil. Ella no lo sabe pero en su mirada puedo ver todo aquello que en Suburbia está prohibido. Mientras ella se restriega los ojos como queriendo apagar un par de estrellas, yo le comento, en medio de una sonrisa, que su mirada en Suburbia es una fugitiva clandestina. Entonces se detiene y me mira, y dice <<el que está loco eres tú, por qué no dejas de lado la poesía y simplemente me dices que me quieres>>. Yo respondo que no, que eso nunca lo diría si es que quiero seguir con vida, no vivo, con vida nada más. Por último, ella me observa con ese su par de “te quieros” y me dice << ¿sabes?, eres el idiota más grande que conozco, sin embargo, no puedo decir otra cosa al verte que, te quiero>>.

    Desnudos y abrazados nos miramos, ella parece querer ir más allá, como no lo consigue me pregunta << ¿qué haces para que te quiera tanto?>> Y yo, haciendo uso de la sabiduría popular, me río y le digo: cada quien cosecha lo que siembra. Entonces, imagino que ella intuye algo cuando con la punta de su nariz acaricia la mía y, en un susurro, dice << pinche loco>>

    Y, eso, me hace recordar el día que nos conocimos.

    …Un paréntesis (en) Suburbia… 

     

    (Perla tiene veinticuatro años, es una joven poeta, un paréntesis en la ciudad que vive en casa de su madre. Un día se aventuró tres pasos más allá de la acera de su hogar y se extravió, cuando yo la encontré lloraba de de manera desconsolada, repitiendo incesante <<he perdido el camino a casa…he perdido el camino a casa… he perdido el camino a casa…”>> Me acerqué y le dije que yo no sabía a qué se refería cuando decía eso. Pero, si ella así lo deseaba, yo podría cuidar de ella y de su ciudad, construiría una fortaleza a su alrededor, para que nada ni nadie pudiera hacerle daño.

    También le comenté que conocía los cuadros de Remedios Varo y que asistí a la última exposición de su obra armado con todo tipo de herramientas necesarias para analizar la construcción, ordenamiento y función de las murallas en torno a una ciudad, así que sabía muy bien cómo construir todo tipo de ciudades amuralladas, le platiqué sobre la forma de laberinto que debían tener, y que eso nos serviría para mantenernos a resguardo por un buen tiempo. El necesario para mostrarle esa ciudad oculta tras las murallas rojas del pecho. Perla, sonriendo, me dijo con la voz más dulce que hasta entonces había escuchado <<Estás bien pinche loco>> Intrigado, le pregunté si nos conocíamos de algún lado.

    ─Que yo sepa no ─dijo ella─ ¿por qué?

    ─Porque me parece que me conoces muy bien ─le contesté.

    Desde entonces ya no preguntó por el camino a casa que había perdido cuando la encontré, simplemente me tomó del brazo y me pidió que nunca mas la dejara sola, que la llevara a vivir conmigo, que le enseñara qué significa estar vivo. Así fue como llegó por vez primera un paréntesis a Suburbia, era ya noche así que todos dormían.

    Al amanecer, ya había comenzado a poner los cimientos de una nueva fortaleza. No entendí su cuestionamiento cuando me preguntó << ¿Nos volveremos a ver?>> Le respondí que como no quisiera tener por protección una muralla china en la primera jornada de su construcción, era inevitable y mi deber. Dibujó sus labios encima de los míos y salió. Yo la acompañe hasta los límites de Suburbia, quien pronto la adoptó sin mayores cuestionamientos.

    Ella se puso feliz y quería conocerlo todo de inmediato, su historia, la longitud de su suelo, su flora y su fauna. Todo. Preguntó a quién pertenecía cada cosa, cuándo le dije que cada cosa era de todos, casi no podía creerlo. <<Es decir que comparten todo>> exclamó. No, le aclaré yo, lo que quiero decir es que todos quieren poseerlo todo, a tal punto que se matan el uno al otro por arrebatar lo que los demás tienen. <<Ah>> exclamó confundida y un poco avergonzada de su entusiasmo inicial << ¿Y tú, qué posees?>> me preguntó enseguida. A mí, yo sólo me poseo a mí mismo. No tengo nada más, ni quiero tenerlo. A decir verdad hace un tiempo tuve un sueño, pero se lo regalé a una mujer que padecía insomnio, desde entonces no he vuelto a soñar el mismo sueño. Todos los días al despertar me felicito por haberlo obsequiado, era demasiado extenso y me llevaba la noche entera repasarlo, ahora puedo soñar más de tres sueños alquilados, en una misma noche.

    ─Yo no he soñado desde que tenía cinco años─ dijo Perla─ Entonces solía soñar una jauría de lobos, sólo que a mis padres les molestaban tanto sus aullidos, que una noche me los espantaron cuándo estaban distraídos y jamás volvieron.

    Yo le dije que no se preocupara que, por lo regular, los sueños de lobos siempre vuelven. Entonces, ella, mirándome fijamente a los ojos, me dijo que yo era el lobo más solo y triste que había conocido.

    Por unos minutos ambos reímos como idiotas.

           

    Suburbia city

     

    Esta es una ciudad parecida a cualquier otra. Bueno, no exactamente así, es decir, más bien se asemeja al cinturón de cualquier otra ciudad, Suburbia es la muralla que se encarga de enfrentar y detener al enemigo, es quién recibe los golpes dirigidos contra la ciudad que envuelve. A veces se envalentona y corre con un palo o lo que sea, directamente contra las balas y cuchillas; es quién siempre debe dar la cara ante las amenazas de cualquier tipo.

    Hay los que aseguran que Suburbia es la parte de la ciudad que no vale lo mismo porque está conformada por un montón de piedras, cuyo único valor reside en lo fuerte con que pueda ser capaz de golpear contra el fantasma de la muerte. Si un día desapareciera está parte de la ciudad, seguramente nadie lo notaría, ni siquiera la amargura que puebla este lugar, ni siquiera ella; hasta el día que, harta ya, decida poner punto final a su eterna pesadilla, la cual parece no tener un fin.

    Al observar esta mañana a Perla durmiendo en el lado derecho de mi cama, algo me dice que la pesadilla infinita de esta ciudad la ha venido a visitar finalmente esta noche. Aquí todo el mundo sabe lo que representa “mirar la pesadilla a los ojos” ese momento jamás se olvida, es un separador de la vida, un antes y un después. Quien ingrese en medio del sueño difícilmente volverá a ver la luz, porque la noche se alarga de una forma extraña haciendo más terrible tanta oscuridad, como si un velo de seda negro se tendiera frente a los ojos, empañando un mundo frente a nosotros.

    Perla abrirá sus ojos y me mirará con una mirada nueva. No dirá nada. No veré yo nada en ellos. Comentará simplemente que la noche ha sido muy larga, que se siente profundamente cansada, que se marcha a casa. Entonces, yo sabré bien lo que pasa, aunque ella no lo diga.

    Sé que a partir de esta mañana todo será distinto porque anoche olvidé sembrar entre sus sueños y, además, se encuentra recostada a la derecha. Temo que al despertar sus ojos vean la tristeza que desde siempre envuelve a Suburbia, esa soledad que acompaña a todos los que mueren en este lugar, y que besan o matan sin comprender muy bien qué diferencia media entre las dos acciones. Miro su rostro, lo miro sin poder reconocerlo, algo en el me dice adiós sin siquiera abrir los ojos, o es que uno se acostumbra demasiado a los rostros de la noche anterior, al menos yo. Esta mañana es como si su rostro se hubiese marchado antes que el resto de su cuerpo. Todo ha cambiado, los detalles son nuevos, sólo la pesadilla continúa revelándole a Perla, entre sueños, que la vida es un morir muy lento, especialmente en Suburbia a las cinco de la mañana.

    October 14

    ¿QUÉ ES EL SER?

     
    Waterhouse-DiogenesdiogenesDiogenesSebastianoRicci
     
    Hoy me vino a la mente está pregunta: ¿Qué es el Ser? Uno escucha este término por todas partes, la verdad casi siempre utilizado de una manera erronea, ya que, generalmente, se hace uso de él como si se tratara de un sinónimo de "ente", es decir, de un sujeto, tal vez, los más avezados hasta lleguen a usarlo como sinonimo de "alma"-"espirítu" o anexas, qué más da. Pero, bueno, a qué viene todo esto?
    Resulta que todo se generó a partir de una tarea escolar (ya hace un par de años atrás) Un catedratico nos pidió responder por escrito una pregunta que a primera vista, parecía ser una cuestión más bien trivial: ¿Quién soy? Y, bueno, hasta este punto todo era sencillo, el asunto se complicó en verdad cuando nos pidió no responder con simples adjetivos, es decir, cosas como: estudiante, hijo, empleado, holgazan, bueno para nada, cínico,músico, poeta, loco, e te ce, e te ce.
    A caray! -dijeme yo a mí mismo- Mí mismo, ahora sí que estás en problemas. Mí mismo se desentendió del problema y me dejó a mí  solo con todo el paquete.
    En fin, decidí poner manos a la obra: Estaba decidido a desentrañar aquel enigma que permeaba toda la historia del pensamiento reflexivo, porque han de saber que ya desde el tiempo de los primeros filosófos (presocráticos) esta cuestión los traía bastante ocupados. Para unos el Ser era todo lo real, lo existente; o bien, lo contrario a la Nada; o que si la Idea, o Todo, pero no revuelto, es decir, no del mismo modo. De ahí la famosa frase de Aristotéles: "Ser se dice de muchas maneras".
    Bueno, bueno, como mi intención no es hacer una "breve historia de la filosofía", voy al punto neuralgico de esta disertación de mi mente insomne, uno de esos recovecos fumados a los cuales me lleva muy seguido mi ausencia de sueño por períodos de tiempo, y que, por otro lado (o ya no sé si de otro o el mismo) me incita a divagar sobre mil asuntos que, en lo personal, me sirven para impulsarme hacia el futuro, ya que como bien decía el viejo Sócrates, (si no es que Platón se inventó todas las reflexiones de su maestro en los diálogos, en fin, ese será tema de alguna otra noche de insomnio): "Una vida sin reflexión, no merece ser vivida".
    Podría continuar señalando caracteristicas del Ser, sin embargo, creo que ya ha sido suficiente, por ahora. Además, solo pensé en plantear el problema, no en ofrecer una respuesta...
    ... y como dicen, que cada quien es único, es decir, diferente. Luego, entonces, que cada quien descubra su propio Ser.
     
    Por lo pronto, el mio, es un Ser que, tan pronto es, como deja de ser. A lo que me refiero es que, al menos hasta nuestros días, el Ser no cabe dentro de definición alguna, a lo más que podemos aspirar a reflexionar es: un ser (con minúsculas).
    Es verdad que la religión se ha asignado a sí misma la facultad de fundamentarse sobre ese (aparentemente) inamovible pilar pero, por otra parte, los resultados no han sido los mejores, mucho menos los esperados. Así que, en forma muy particular, me quedo con el ser temporal y comprometido al que me han conducido la reflexión y la vida, o lo que es lo mismo: Una vida reflexionada.  
     
     
    Bienvenidos a la caverna
    September 28

    YO TAMPOCO, SEÑOR PRESIDENTE

    He decidido tomar en prestamo el siguiente texto. Vale la pena invertir unos minutos en su lectura  para reflexionarlo y compartirlo. Es necesario empezar a hacer conciencia. 


    Y O N O, S E Ñ O R P R E S I D E N T E *
    *Leído la noche del 19 de septiembre en la Escuela de Letras de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo,
    durante la presentación del libro “Las raíces del aire”


    Morelia Michoacán, México, a 19 de septiembre de 2008.


    Atendiendo a la pequeña parte que me corresponde del llamado a la unidad hecho por Felipe Calderón para todos y cada uno de los mexicanos el pasado 16 de septiembre, tras los atentados explosivos en el centro de nuestra ciudad, me permito alzar la palabra desde esta tribuna para declinar la invitación, expresando algunas de las razones que me llevan a ello.
    No acudiré a su demanda, señor presidente. Yo no.

    Porque en mi colonia hay una vecina que vende ropa usada, y desde hace meses tiene que pagar una cuota más elevada a sus proveedores de mercancía; proveedores nuevos, más exigentes, distintos, que monopolizan el mercado, a los que no se les puede decir no y cuyo nombre parece prohibido pronunciar.

    Porque una alumna tiene un amigo, vendedor de cine de arte pirata en el Auditorio (ese monstruoso tianguis donde cada domingo, a espaldas del turismo, hace latir Morelia el corazón de sus verdaderos rostros), que cierto día y sin previo aviso se puso a rematar a diez pesos todas sus existencias, debido a que la concesión de puestos había pasado a ser prebenda de nuevos responsables, señores del quién vende, qué vende y a cuánto asciende la cuota a cubrir por vender. Responsables a los que resulta impensable contradecir si algún aprecio se le tiene a la propia vida.

    Porque un antiguo conocido de mi madre, de visita por la capital michoacana hace un par de octubres, le confió que en algunas de las selectas fiestas privadas que coronan el glamour de la noche durante el Festival de Cine, sólo unas cuantas charolas van colmadas de copas de licor.

    Porque mis alumnos bachilleres saben que, en caso de que mañana desapareciera la tiendita que a la vuelta de la escuela les oferta metanfetaminas, pasado mañana aparecería otra igual de próxima para sustituirla. Porque se ha vuelto común pagar por protección que no solicitaste. Porque en mi colonia (una de esas nuevas colonias de desecho con las que usted y los de su especie se jactan de volvernos propietarios, y en cuyos interiores el amor debe hacerse en silencio para no despertar a los niños de la casa de junto) hay padres de familia que graban con su celular los pleitos a golpes de sus hijas adolescentes contra compañeras de la secundaria.

    Porque no hay habitante de Morelia que no posea al menos un par de anécdotas inmediatas como estas. Porque ello demuestra que el crimen organizado y sus devastadoras secuelas (económicas, sociales y culturales) no son una distante anomalía en cuyo camino los mexicanos de bien pueden tener la mala suerte de atravesarse, sino una cotidiana realidad más que palpable. Porque los sucesos del pasado 15 de septiembre no constituyen ninguna excepción, sino apenas un grotesco, indisimulable punto culminante de lo que aquí hace mucho se convirtió en norma.

    Porque ante tales circunstancias, yo, como cualquier ciudadano que no habite Morelia con los ojos cerrados, sé que morir hecho pedazos por una granada también cabe mirarse como una variante piadosa de la atrocidad, pues al menos es breve.
    Porque yo, al igual que todos los michoacanos, al igual que todos los mexicanos, me enfrento cotidianamente a la evidencia de que esa guerra que usted dice que le está ganando al crimen organizado, en realidad la está perdiendo. Y sé que si la está perdiendo hasta el punto en que la está perdiendo, sólo puede deberse a dos razones: a que no le interesa ganarla, o a que ganarla significa para usted y para mí dos cosas radicalmente distintas, si no es que definitivamente opuestas.

    Porque el hecho de que afecte usted ante cámaras y micrófonos tanta acongojada indignación, tanta severidad consternada, de ninguna manera le impide aprovechar cada nuevo episodio de devastación e infamia para seguir reduciendo, con calculado esmero, la ya de por sí estrecha frontera que su discurso estableció desde el primer momento entre criminalidad y disidencia. Porque sin pudor alguno hace de la desesperación y el miedo instrumentos para caracterizar como delincuente a cuanto ciudadano se atreva a reivindicar su inalienable derecho a la justicia.

    Porque la indignación y la rabia no nublan mi juicio hasta el punto de no entender lo que significa que el crimen organizado se haya atrevido a perpetrar un operativo terrorista en la ciudad donde usted nació, a pocas horas de que presidiera el desfile militar donde sería desplegado en privilegiada pasarela mediática el más significativo muestrario de la infraestructura destinada a combatirlo. Porque el hecho en sí mismo, más las secuelas que le han acompañado (La Familia demandando desagravio para el pueblo michoacano y comprometiéndose a proporcionárselo), evidencian la magnitud del poder real que en este momento detentan sus adversarios, a despecho de la hueca estrategia publicitaria que se empecina en presentárnoslos arrinconados, debilitados, socavados y a punto del definitivo derrumbe.

    Porque la colombianización de nuestro país no fue nunca la hipótesis de un destino probable, sino el único escenario que el torpe proceder desde el inicio de su gestión podían precipitar. Porque no hacía falta ser politólogo para entender que si el enfrentamiento de primera línea entre el narco y la institucionalidad policiaca terminó por corromper de modo devastador e irreversible a tal institucionalidad (como cotidianamente comprobamos, por más que muden de nombre agencias y corporaciones), y por otorgarle a las organizaciones delictivas una afinada configuración parapolicíaca, la llana militarización del combate al narcotráfico terminaría tanto por minar la relativa impenetrabilidad de las fuerzas armadas en materia de infiltración y corrupción, como por ajustar la infraestructura organizativa, material y humana del crimen organizado en función de sus nuevos oponentes.

    Porque la bravucona, monocorde entonación de sus mensajes, en los que demuestra no disponer de otro plan que el incremento de las mismas ineficaces medidas aplicadas hasta ahora, enmascara algo infinitamente más terrible que candidez o impotencia. Enmascara la decisión (suya y del proyecto de país que encabeza) de beneficiarse hasta donde sea posible con el actual estado de cosas, para seguir agudizando el inexorable adelgazamiento de las garantías políticas del ciudadano común, en vicaria invocación de su propio bien; enmascara la brutal imposición del franco autoritarismo, utilizando como coartada el combate contra la inseguridad. Y porque puestos en semejante contexto, siempre quedó perfectamente claro lo que para nosotros iba a significar su aseveración de que iba a usted a perseverar en el camino trazado sin importar las vidas humanas que costara.

    Porque un análisis riguroso de nuestra clase política, nuestra institucionalidad y nuestra legalidad empresarial, revelaría hasta qué punto la élite de buenos mexicanos con los que usted me llama a ponerme hombro con hombro, deben su posición a la connivencia, el disimulo, la complicidad o la franca y abierta participación con las “fuerzas del mal”.

    Porque mirarlo en sus giras al lado de los gobernadores de Puebla y de Oaxaca, independientemente del acatamiento a las convenciones del hacer político y de la vida republicana, me hacen entender que usted está dispuesto, como mínimo, a otorgarles el beneficio de una duda que ningún ciudadano con elemental sentido de la vergüenza puede consentirse. Y porque, sobre esa base, puedo imaginarme hasta dónde pueden llegar en materia de ilegalidad, barbarie, corrupción y delito, de acuerdo a los intereses creados del caso, tanto el beneficio de sus dudas como los costos de su obcecación.

    Porque en manos suyas, palabras como Nación, República, Soberanía, Independencia, Democracia y Estado de Derecho dejan de ser términos con significación precisa, valor propio y fin en sí mismos, para convertirse en mero aderezo retórico, al servicio de una tendencia que, erigiendo el beneficio particular de unos cuantos como supremo rasero del sentido público, lo que hace es atentar por principio contra ellos.

    Porque hoy por hoy, la institucionalidad en torno a la cual nos invita usted a agruparnos para hacer frente común, de ninguna manera representa los intereses ni del pueblo ni de la nación mexicanos.

    Porque los argumentos que utilizara usted en su discurso del pasado miércoles (privilegio de intereses particulares o de grupo por encima del supremo interés de la Nación), para tipificar en confusa y tendenciosa urdimbre como traidores a la patria tanto a los miembros del crimen organizado como a cuantos en materia económica, social y política no piensan como usted, le vienen a la medida apenas se desentraña su cotidiano proceder como titular del ejecutivo federal, sus labores proselitistas para ofrecer al mejor postor los bienes y recursos del país, su empecinamiento por sacar adelante unas reformas estructurales encaminadas a canjear las garantías y conquistas del pueblo trabajador por oportunidades otorgadas a modo de dádiva por un orden empresarial voraz e inescrupuloso.

    Porque usted quiere hacernos creer que la lucha debe ser contra el crimen organizado, y yo sé que la lucha es contra un México del que el crimen organizado y usted mismo no son sino facetas parciales.

    Porque la ideología, en tanto definición reflexiva y crítica de nuestro ser en el mundo, no puede despacharse como una prescindible camiseta que uno se quita o se pone de acuerdo con esta o aquella coyuntura, sino que constituye la medida justa de las realidades posibles con que estamos dispuestos a comprometernos. Porque la política, en tanto construcción soberana de los lineamientos generales de nuestro espacio público, no refiere a ningún medio discrecional encaminado a la obtención de determinados beneficios particulares, sino a la acción que define y valida nuestra posición ante la historia.

    Porque, dicho y precisado lo anterior, entro íntegramente en el grupo, tan censurable según sus palabras, de los que por razones ideológicas y políticas no están dispuestos a sumarse a esa lucha de usted y de quienes, compartiendo su envilecido horizonte ideológico y su mezquina concepción del hacer político, junto a usted luchan.

    Porque cuando sus discursos pretenden reducir el crimen organizado a mero síntoma, no lo hacen por inocencia, ni por ignorancia ni por equivocación. Lo hacen porque forma usted parte de la misma enfermedad.

    Por eso alzo la voz. Y desde esta tribuna manifiesto:
    Yo no, señor presidente.
    Yo no, señor gobernador.
    Yo no, señor presidente municipal
    Yo no, señores diputados.
    Yo no, señores funcionarios.
    Yo no, señores de los partidos políticos.
    Yo no, señores del Consejo Coordinador Empresarial, de la Coparmex y de la Canacintra.
    Yo no, señores de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
    Yo no, señores intelectuales.
    Yo no, señores dueños de los monopolios informativos estatales y nacionales.
    Yo no, a todos aquellos que junto a los arriba mencionados decidan firmar.
     
    Conmigo no cuenten
     
    Atte.
    C. Sergio J. Monreal
     
     
     
    September 10

    RECORDAR EL FUTURO

    Si uno mira hacia atrás con seguridad se encontrará con recuerdos agradables y, posiblemente, piense que "todo tiempo pasado siempre fue mejor".
    No estoy seguro que esto sea cierto, o no. En lo personal me gusta tanto recordar el pasado como el futuro. Sí, ya sé que lo primero que se preguntarán muchos (dos o tres que ponen atención a lo que leen) será ¿y cómo es eso de recordar el futuro? Pues bien, se los dire ahora mismo: No lo sé. La verdad es que hablando en términos completamente ajustados a las leyes de la lógica, la semántica, la semiótica y todas esas cosas raras, no tengo ni la menor idea. Afortunadamente para mí, en los terminos que suelo escribir aquí, me permito escapar de toda lógica, de toda limitación del lenguaje y su significado. A fin de cuentas este es un espacio que yo he creado y dónde puedo dar rienda suelta a cualquier capricho de la creación y la utopía. De una vez lo digo a las claras: en este espacio TODO VALE. Así es, que ni se aparezcan por aquí los censores de la creatividad y la fantasía, porque para haberselas conmigo, primero censuran a Walt Disney que a su seguro servidor. Valga lo anterior para que se sigan manteniendo detras de la línea que estoy trabajando.
    Pero bueno, a lo que yo me refiero cuando digo "recordar el pasado" es a que me suele pasar una cosa muy curiosa, cuando vuelvo a visitar artistas del pasado, leo libros o escucho canciones donde me encuentro con el panorama actual del mundo. No sé si deba a que las cosas en realidad no han cambiado mucho, o que, de cierta manera, las palabras de Baudelaire tengan algo de verdad y "el poeta es un vidente", y ya no digamos unicamente el poeta, sino todo artista que realmente merezca tal denominación. Y con esto me refiero a la distinción necesaria que debe existir entre el "artista" que ayuda a entretener y el artista que ayuda a crecer.
    En mi opinión, toda creación debiera contener en ella una aportación propositiva, al menos, mostrar una realidad desde una concepción crítica. Sería imposible lo contrario. Por supuesto asumiendolo desde una visión tal, porque si se ve desde una perspectiva relativista, como suele hacerse ahora, de antemano resultaría ineficaz todo el argumento.
     
    Y bien, a lo que quiero llegar es a que he estado visitando viejas lecturas, antiguos discos, e te ce. Y lo que he podido sacar en claro es que algo se ha estado perdiendo poco a poco, como por ejemplo, esa capacidad de soñar con cosas imposibles, la confianza en la juventud, y el desacato sin culpas a la autoridad. Vamos, ni siquiera me estoy refiriendo a una sociedad anarquista, sólo al hecho de  atreverse a cuestionar lo que nos ofrecen y reclamar o rechazar lo que no nos guste. Aprender a no temer al desacato, sobre todo si este está plenamente justificado. ¡Vaya! a no permitir que este mundo que nos pertenece a todos por igual, sea controlado por unos cuantos y que el resto sólo les sirvan como empleados o consumidores. A riesgo de sonar panfletario, les recordaré ese antiguo lema que dice: EL PUEBLO UNIDO, JAMÁS SERÁ VENCIDO. Y tampoco me refiero a revoluciones proletarias ni nada parecido, sino a ver que aún es posible intentar un cambio por pequeño que este resulte ser.
    Ultimamente hemos visto por televisión grandes marchas de personas manifestando su desacuerdo con tal o cual situación. Pienso que si hubiera al menos, una de estas manifestaciones por semana (que a como pinta el panorama, podría justificarse hasta uno o dos diarias) la situación mundial cambiaria radicalmente.
    Muy posiblemente sólo este soñando despierto como siempre. Sin embargo, siempre he creido que la realidad toda, no es otra cosa que el producto de soñadores que un día decidieron hacer sus sueños realidad. 
     
    Buenas noches        
    July 28

    SOY QUIEN SOY Y NO ME PAREZCO A NADIE

     
     Para Natus
     
     
    Últimamente me ha dado por escribir para alguien, no sé quién sea ese alguien, sin embargo, no sé entonces por qué quiera decirle algo a ése tal alguien. Aun ahora mismo, siento estar haciendolo, lo cierto es que no quiero hacerlo, aunque lo haga sin pretenderlo. Lo he hecho sólo un par de veces, las suficientes para dejarlo de hacer. Ya que poniendome a meditar el asunto he encontrado que me apetece más el escribir para mí, para ese otro yo dentro de mí, y no fuera. Escribir para alguien más resulta tarea inútil, un craso error. Cuando en verdad se tiene algo que decir, simplemente se dice y ya, no hacen falta "vistos buenos" "felicitaciones" "e te ce".
    Uno sólo debiera hablar cuando la ocasión lo amerita, o cuando en realidad se tiene algo que decir, no a los demás, sino a uno mismo. Ya esto que escribo lo emito y lo recibo. Digo lo que tengo que decir y, al mismo tiempo, me escucho diciendolo, lo analizo, lo digiero.
    Lo hago yo y esa sombra detras de los párpados, ser que es, ser que se piensa a sí mismo: autoconciencia.
    A partir de entonces se empieza a comprender y a pensar lo que se dice y por lo tanto se es. Uno es sus palabras que lo representan (claro, siempre y cuando estas sean coherentes con los actos)
    Me parece que uno debe vivir para decir, porque es verdad que las palabras se las lleva el viento (o el ciberespacio en este caso) 
    Habrá quien diga que sí o que no, la verdad me tiene sin cuidado una y otra opinión. A mi lo que me importa es reconocer a ese otro que soy yo mismo a través de mis palabras, pero sobre todo, mis actos. Y es que ya va siendo hora de hacerse responsable cada uno de sus actos, tal como lo plantea el existencialismo, a fin de cuentas uno sólo representa otra oportunidad de hacer avanzar a la humanidad  de la cual es parte. Cada uno es la Humanidad. El asunto es que casi nadie sabe qué es la Humanidad, y ésto es una causa lógica del ignorar quién es uno mismo, es decir, fuera de credenciales, actas de nacimiento, registro rfc, e te ce.
    Para saber qué es el mundo, para qué diablos está uno aquí, para qué vale la pena la vida, es necesario conocerse uno mismo desde uno mismo, debido a que lo más fácil es lo mas socorrido, como el hecho de que alguien mas venga y te revele tu propia identidad y con el poderío de una simple y estúpida etiqueta te diga: tú eres esto (doctor, esposa,policia, politico, abogado, e te ce)
    ¿Y entonces, dónde queda el libre albedrio y la cualidad más reconocida del homo sapiens sapiens?
    Así que, al menos, lo que soy yo, me niego rotundamente a aceptar que alguien venga y me diga: eso está muy bien o eso está muy mal.
    Ya veré yo que hacer conmigo mismo, sea lo que sea que ese yo mismo sea.   
     
    July 08

    FUERA DEL MUNDO

     
     
    Me gustaría salir a buscar lo que se ha quedado afuera, que de tanta vida cuando unos días pasa que no pasa nada, he llegado a pensar que el mundo sa va a acabar. Y si se va a  terminar que a mí no me sorprenda dandole de comer al fastidio. No tengo otra cosa que estos pies que de tan necesitados de andar, más de dos veces ya ni siquiera los siento míos; o si lo son, bien podría temer padecer una separación por bienes mancomunados.
    Cuando se elige no elegir más, ¿qué queda entonces? ¿a cuantos años luz de distancia habrán de crecer las alas de mis pies?
    No digo que sea necesario andar veinte kilometros al día, aunque si sí, que bueno. Pero, al menos, una calle musicalizada, con su por-diosero y su interprete del sentido de la vida. Girando dentro del eterno retorno que, conforme transcurren los "que descanses" se niega a retornar.
    Encontrar la semilla de una certeza que envuelta por una galleta de la suerte nos anuncie que la mañana no se ha terminado, que tampoco ha retornado, que sí, que es la misma, lenta, suave, discreta.
    Poco a poco, la vida se me escurre como las últimas gotas de licor deslizandose, en la madrugada, por la garganta sedienta de un alcoholico. Simplemente se desliza sacudiendose la risa, el llanto y la tristeza. Desligandose con sorna de todo cuanto pareciera ser importante, sólo para burlarse de uno, andar dos o tres cuadras y, deshacerse de los recuerdos importantes, si es que en realidad algún recuerdo vale la pena.
    Sí. Me gustaría salir y ponerme a buscar afuera lo que por dentro se lleva sin darse cuenta: una voluntad dormida, un "hasta aquí, y me niego" Ya basta de esconderse entre las sombras a confesar el peso crudo de la insatisfecha porción de vida que se nos brinda.
    Si al menos gritar no fuera de locos, me parece que lo haría y, con ello, me re-haría. Tendría incluso mi horario de deshalojar la desesperanza hasta donde el hartazgo me lo permita. Deshojar los calendarios a cada paso que nos acerquen hasta el otro extremo de la madrugada.
    Me gustaría salir ahora igual que ayer, cuando sabía con total precisión: en dónde, cuándo y a quién, encontraría buscando las mismas cosas que yo, allá afuera...
    June 25

    EL HOMBRE DE ARENA

    La siguiente narración forma parte de un libro de cuentos titulado "Sinfonía para un planeta azul"

                                              

     

    Esa noche no parecía distinta a las demás, sobre todo de los últimos años. El cielo continuaba allí arriba sin dibujarle esperanza alguna, sólo aquel dolor punzante sobre su costado, persistía, negándole la posibilidad de un andar libre y despreocupado, como seguramente lo fue en su  infancia. La  soledad adherida a su cuerpo como piel verdadera, lo acostumbró al dolor insistente, imperceptible para los demás, excepto para él que debía padecerlo en silencio, nunca aprendió las palabras necesarias para nombrar aquella sombra insatisfecha observando el mundo a través de su propia mirada, esa compañía a perpetuidad, lo más terrible ya no fue la angustia sino la soledad siguiéndole a todas partes.

    Dejó escapar una inmensa cantidad de noches pensando cómo desasirse de aquel castigo inmerecido. Por la mañana, lo primero en aparecer frente a sus ojos era la mirada hueca del vacío, podía sentir cómo la pesadilla recién comenzaba. Muchas ocasiones pensó en la muerte, le parecía tan dulce, tan gratificante comparada con aquel sufrimiento insolente, le pidió un abrazo con lágrimas en sus ojos pero ni la muerte parecía comprenderlo, pensó si aún el peor de los hombres merecía una condena así, ¿acaso sería él mismo el peor de los hombres?

     

    Sus noches cambiaron, ya no se preguntó el por qué del castigo, comenzó a cuestionarse si en verdad lo merecía, caviló, se sintió satisfecho como una criatura que ha aprendido a dar un primer paso. Por primera vez en mucho tiempo se sintió orgulloso de sí, decidió salir a caminar, conversó con la oscuridad, se emborrachó con la noche e hizo el amor con su soledad, confuso se sintió despertar de un sueño, caminó y caminó, no podía dejar de hacerlo, pensaba que al detenerse volvería a ser el mismo sin-sentido de cada noche, cada día, cada segundo anterior. La oscuridad profunda de la noche le anunció su separación de aquella ciudad, su prisión, no podía parar, sólo la autopista fue capaz de marcarle un alto obligado, decidió acompañarla.

    A un costado de la carretera reanudó su marcha. Pasaron las horas, lentas, como distraídas ante la figura innecesaria que parecía ir tras ellas, le esperaban cuando sus pasos acortaban el compás de su búsqueda absurda en medio de la nada. Los autos le adelantaban sin notar la sonrisa extraña sobre su rostro o el hilillo de sudor surcándole el cuerpo como lágrimas, él sintió que así era, que el cuerpo entero lloraba de felicidad, menos sus ojos, sus ojos tan semejantes a un pozo de agua seco donde sólo el polvo se asienta, secando la vida, anunciando la muerte, su llegada.

     

    El anciano se sintió conmovido ante aquella figura demacrada y solitaria en medio de la noche, detuvo el auto al lado de Alaín, le convidó a subir, éste subió al auto sin mediar palabra, el anciano inició una charla como por descuido intentando no parecer un entrometido.

     

    ¿A dónde se dirige, joven? preguntó, mirándolo con genuina curiosidad.

    No lo sé. Le respondió Alaín sin dejar de mirar al frente.

    ¿Sucedió algo malo?, inquirió el viejo.

    ...¿Algo malo?...¿Algo malo?... Repitió un par de veces Alaín embelesándose en la frase.

    ¿Se encuentra bien, joven? ¿Puedo ayudarlo en algo?

     

    Alaín se mantuvo en silencio, observando siempre el camino con un extraño temor de perderlo de vista, temeroso de perderse a sí mismo en cualquier espacio de la carretera. De pronto, se sintió despertando de un sueño, volvió la mirada sobre el anciano, lo observó como si fuese la primera vez que miraba un cuerpo encogiéndose por el uso a lo largo de los años, como si por primera vez en su vida observara a un viejo, debió parecerle cómico por alguna razón, soltó la estruendosa carcajada. El anciano se limitó a observarlo sin mostrar ninguna variación sobre su semblante. Ambos se sumieron en un extraño mutismo, no uno de esos silencios incómodos, sino uno en donde parecían conversar a través del latido de su corazón.

    Fue el anciano quién pronunció las primeras palabras, la frase completa, redonda, casi perfecta. Así lo pensó entonces Alaín.

     

    Llevo años buscando la muerte como quién se sabe huérfano desde el vientre. Alaín sintió a su voz hablándole desde el exterior. Sonrió al vacío. Sintió un lazo uniéndole al viejo sentado junto a él. 

    ¿Quién es usted? preguntó Alaín, aun sin convencerse del todo de no ser aquello uno de sus engañosos delirios.

    ¡Vaya, joven! exclamó el anciano, usted si que no pierde el tiempo, miré qué preguntas hace, si yo pudiera responder esa pregunta dejaría de ser quién soy.

    ¿Qué hace a un hombre ser lo que es? cuestionó al anciano . ¿Cómo puedo yo ser más de lo que soy?, ¡dígame si lo sabe!, ¡dígamelo, por favor!, ¡dígame cómo curarme de este vacío a mi alrededor!, ¡por favor, dígamelo!

     

    El anciano detuvo el auto en una lateral de la carretera, sobre una cuesta, desde donde se podían admirar las luces de una urbe dormida. La noche cobijaba a la ciudad de Utopía con la inocencia de los impulsos inconscientes, los grillos apuraron el ritmo de su sinfonía, toda criatura resintió aquella presencia sacudiéndose entre los sueños ¿quién rompió la noche?, ¿quién se desprendió de su absurda existencia para buscar una respuesta?. El auto resoplaba como quién da sus últimos estertores. Utopía mantenía sus ojos iluminados, mirando hacía el cielo infinito. La pregunta estaba abierta intentando asirse del vacío. Alaín se vio frente sí mismo, mientras el anciano descubría su propio reflejo en Alaín, sólo una interrogante tendida entre ambos les impedía fusionarse en uno. El anciano recordó la cuestión, su misma duda nacida hacía tanto tiempo... y olvidada... y nunca respondida... abierta. ¿Quién intuyó primero la imposible solución?

     

    En los diarios locales de Utopía, apareció una nota anunciando el terrible accidente: Un anciano perdió la vida al desbarrancarse el vehículo en el que viajaba, justo en las inmediaciones de la ciudad, muy cerca del mirador, se sospecha que la tragedia se debió a problemas mecánicos con los frenos del automóvil.

     

    Alaín nunca se enteró de la noticia, en el hospital psiquiátrico no era permitida la lectura de los diarios. Lo último en su memoria era el momento en que, no soportando más el peso de la desesperación decidió poner fin a la angustia. Luego de ingresar a la ciudad de Utopía, recorrió sus calles, todo le resultaba familiar, aunque aquella era su primera visita, encontró una plaza con el jardín más fantástico que alguna vez hubiese siquiera imaginado, se sentó en una de las bancas, entonces se sintió en casa, se despojó del collar con la pequeña placa rectangular de acero que siempre pendía de su cuello, uno de sus extremos afilados le dio la herramienta necesaria, dos rápidos tajos sobre las muñecas bastaron, el resto era cuestión de tiempo.

    Un aliento tibio le fue cubriendo el cuerpo. Recordó las tardes de invierno en su infancia, cuando volvía a casa después de jugar con sus vecinos en el parque; aquellos días en que la nieve caía del cielo cada invierno y que, además, su padre le había enseñado a contemplar casi, como un acto de magia, regresar a casa con el cuerpo tiritando de frío y correr a refugiarse bajo las frazadas, sentir el mismo calor que, ahora, hacía sentir a su cuerpo etéreo. La mirada comenzaba a nublársele, en ese momento un extraño descubrió aquel cuerpo sentado en una banca en medio del jardín, con la sangre brotándole de las heridas como un río que se aleja en busca del mar. Luego todo fue confusión, voces emergiendo de todas partes, gritos de alarma, confusión y caos.

     

    Finalmente, llegó a este lugar que no le desagrada del todo, es decir, ahí cada objeto parece estar en su lugar; ese orden que descubre por primera vez, la excelente compostura de los internos cuando no sufren de algún tipo de crisis nerviosa, le resulta infinitamente agradable. El ritual es la base para mantener el orden, supo entonces que la pregunta ha sido contestada, se alista como un elemento más del ritual. Se dedica con ahínco a mirar películas de locos, desea con sinceridad ser un digno representante de su papel. La pregunta se ha cerrado. Ya no le importa quién es, porque cuando se es un demente con principios esas cosas son irrelevantes, es cierto que la angustia no desaparece, sin embargo, los motivos son otros, menos letales, como el que alguien cambie el canal del televisor de manera sorpresiva, o el no recibir medicamento a la hora prescrita, en fin, impulsos capaces de ser anulados con una cápsula de felicidad y media tableta de bienestar.  

     

    Por primera vez en mucho tiempo, esta noche no tiene que discutir con el anciano que de alguna manera siempre lo encontraba para llevarlo a visitar la ciudad de Utopía, la ciudad que lo vio nacer. Se siente liberado en su recién adquirida locura. Sin embargo, de haber leído la noticia en los diarios ¿qué habría sucedido?                                                                                                                            

     

    June 24

    ¿Qué chingaos es la vida...qué chingaos hago aquí?

     
    Si la vida es sueño...
     
    ¿El suicidio es un despertador?
    June 16

    MANIFIESTO "MI DERECHO A FASTIDIARME DE SER UN HUMANO TODOS LOS DÍAS DE LA SEMANA"

     
     
    Sucede que a veces me canso de ser yo, de ser este ser humano de todos los días. Me encantaría un día simplemente despertar y decidir ser un mineral o una planta ¿y por qué no? acaso hay algo que nos impida aburrirnos de cargar cada día con el peso de la humanidad, sobre nuestros hombros.
    Sinceramente, me agradaría que existiera un día a la semana en que cada uno decidiera ser lo que quisiera: una lámpara, una mariposa, una pedazo de cuarzo amatista, o cualquier otra cosa. ¿O, es que acaso ser siempre un ser humano es un castigo, una lamentable falta de imaginación? No lo sé, hay tantos secretos en el mundo que si uno se lo propusiera firmemente, terminaría por llegar a algún lugar, porque yo ya he descubierto que todo es posible. Las fronteras, los limites, los cercos son un mero producto de la mente. No existen. El mundo se construye cada día.
    Uno despierta por la mañana y crea las sábanas, el librero, la ventana, el sol. Cada día, uno debe volver a rehacer el mundo entero. La mirada reconstruye todas las cosas donde se va posando con ayuda de los recuerdos almacenados del día anterior.
    Es una lástima la falta de imaginación, y el negarse la posibilidad de descubrir los secretos que oculta el mundo, por ejemplo, yo acabo de descubrir hace unos días que en mi calle, además de mis vecinos y yo, también habitan dios y el diablo, dios en la mirada transparente de los niños que juegan a las canicas y el trompo; el diablo, en la estufa de una de mis vecinas, la más amargada y estresada de ellas, cada día es una diferente.
     
    Yo, por mi parte, he decidido que mañana despertaré siendo una brisa de aire, y vagaré por el balcón de cada mujer bella para ser su respiración, por un segundo, después, escaparé en un suspiro de su boca sin que se haya percatado de mi presencia.   
    June 12

    DESVARIOS DE UNA MENTE INSOMNE

     
    Comenzaré diciendo que se ha hecho tarde. Es tarde ya. El día de ayer a atravesado a este. De ayer a hoy han transcurrido un par de horas, sin embargo, un segundo basta para estar del otro lado; como recordar que uno sólo existe a través del recuerdo. Por que a fin de cuentas qué diablos es uno, es decir, ahora, como siempre a estas horas, acostumbro desvariar un poco, y pienso cosas así como: si uno es indivisible (tal como señalaba Plotino) Dios es Uno e indivisible. Entonces por qué uno más uno son dos, ¿acaso es falso que dios es uno e indivisible?
    El uno, es o no indivisible, según Demócrito no, supongo. Aunque, cabe señalar que a estas altas horas de la noche suelo desconfiar demasiado de cualquier filosofo o pensador, sea de la calaña que sea. También pienso, creo, o mejor dicho estoy convencido de que las cosas sólo son (lo que sea que son) unicamente gracias al pensamiento lógico de las matematicas.
    En estos momentos soy capaz de renegar de cualquier tipo de limites, sucede que después de las dos o tres a.m. siento una gran necesidad de aire, el poco que se cuela por las ventanas me parece insuficiente, y pasa que siento asco de toda clase de limites, todas esas categorias que encierran a las cosas dentro de sí mismas.
     Vemos las cosas en la forma en que las vemos, por una asimilación de ajustes historicamente evolucionados y perfeccionados a través de una sucesiva concatenación de puntos de vista moldeados a un mismo paradigma, y no por un "principio antrópico".
    Las cosas no sé cómo sean en realidad, aunque las imagino infinitas, "elementos" de un mismo organismo indivisible.
    A veces pienso que la cuetión de dividir al Uno, es producto de un temor implicito a la naturaleza del hombre frente a lo infinito, o si no, prueben a recostarse sobre la cima de una montaña alta, mientras contemplan hacia el cielo sin pensar en nada, les llegará esa misma fuerza contraria a la ley de gravedad, que impulsa a uno a salir disparado contra el vacio. No estoy muy seguro pero, como a estas horas me es permitido todo tipo de ideas, si uno se permitiera interactuar con las fuerzas externas, no las que uno aplica a las cosas, sino las que son por ellas mismas, entonces realmente sería posible aprehender al mundo siendo parte de él, y no sometiendo al entorno para satisfacer todo tipo de caprichos.
     
    Y bueno, asi como en estas horas me da por desvaríar, tarde o temprano llega el sueño; así que, me retiro a descansar...